1129

Agosto 19 del 2025: el candidato al congreso federal, Jeff Cocket, ha tenido que retirarse de la carrera electoral debido a que se han generado rumores de que hace 7 años le guiñó un ojo a la señora que trabajaba en el front desk del day care de su hija Juliette. Cocket niega las acusaciones, pero de acuerdo a la enmienda 72 C de la constitución, adoptada durante la administración Sanders, el político es lógicamente considerado como culpable hasta que se demuestre su inocencia. “Será un proceso largo y difícil, pues resulta casi un imposible demostrar que mi cliente no guiñó ese ojo” – apuntó el abogado Nick Canny, con la experiencia avalada por años de ejercicio profesional. Por lo pronto, la esposa del ex aspirante Cocket ha puesto un recurso de amparo en la corte familiar local, por lo que el político no podrá tener contacto con sus tres hijos hasta finalizada la vista pública, si es que al fin es hallado inocente…

1126

Viejas y burocráticas regulaciones se han ido eliminando, disminuyendo el papel rector del estado en disímiles áreas. Nada más cercano al conservadurismo de la constitución tras la revolución del siglo dieciocho. No está mal, luego de administraciones previas estatistas y populacheras. Lo que no entiendo es el silencio de muchos libertarios, que siempre han abogado por un gobierno pequeño y escasamente invasivo…

1395

Mini historia real:

Un viejo amigo de mi padre se tomó un Viagra en casa de una amante que nadie sabía que tenía, y se murió de un paro cardiaco, dejando viuda a la amiga de mi madre y huérfano a mis dos amigos de la escuela. Como la amante estaba casada, decidió arrastrar el cuerpo inerte del viejo amigo de mi padre y dejarlo desnudo en el pasillo del edificio de microbrigrada, solo cubierto con una sábana antiquísima, casi transparente (debido a aquellas incontables lavadas a mano y jabón amarillo), para que el esposo no se enterara de su desliz. Hacia la parte media-baja de la carne muerta, una elevación poderosa y vital seguía clamando, impenitente, por su existencia. “Estoy aquí, sin rendirme, erguido y orgulloso, atenazado por la fuerza imparable de la Viagra, por su vasodilatación milagrosa que aún persiste. Soy el vestigio de una vida…” Y así lo encontraron aquella tarde, hace muy poco tiempo. Muerto y “encabillao” entre los corredores del reparto…

1371

No es aceptable, me dice el color rojo, que la rosa sea roja y no me enfade. Me consume la ira y enrojezco. ¡Mira su adustez, su gesto, su asombro incontrolable! No es aceptable que pulule el rojo, encendido, carmín, y que el mundo apenas si se entere. ¡Mira esa altivez forzada! Mira mis brazos consumidos de pasión fortuita. Mira mi ceño, me dice el color rojo, y la rosa que es roja no se enfada.

1370

Los planetas han armado un revolú tremendo a lo largo y ancho del espacio exterior, sin importarles que los hoyos negros los vigilen o que el sol, con esa intransigencia febril que le caracteriza, con ese índice amenazador que lanza rayos, se pasee entre ellos. ¡Hasta una sonrisa le han birlado al gigante! Ahora todo será lluvia de estrellas y jolgorio y fiesta.

(El dibujo es de Rafe)

1369

Apretuja su cara porque navega sobre los mares verdes. Él mismo, verde verdísimo como yerba de chivo, se confunde con la mar sobre la cual navega, lo que le causa una muy comprensible aflicción, pues ¿quién quiere ser confundido con su propio color? ¡Ni aunque se sea verde! Así que caminar sobre las aguas como un Jesús esperanzado o, simplemente, hacer surfing en esa playa verde, pierde su encanto cuando un solo color se confunde entre todo. Y es por eso que apretuja su cara, porque navega sobre los mares verdes.

1368

Un crayón amarillo sólo puede ser feliz y bondadoso si un sol hecho a su imagen y semejanza, con carne de su carne y unas llamas de rojo intenso, claro está, brilla sobre su cabeza artística y puntiaguda. Saludará con su mano – rama y dejará saber a todos que, a pesar de las hojas y del viento, no se derretirá por el calor que emana del solecillo allá en el cielo, pues es carne de su carne, como les había ya dicho.

1367

Los gatos, por suerte, tienen un idioma universal. Con acentos diferentes, es cierto, pero todos se comprenden a la perfección, procedan de donde procedan. Tal cosa permite que nuestra JoJo se comunique sin problemas con esa pretenciosa malhumorada de Mimi Vuvuzela Perez, por ejemplo. Y se llevan muy bien, les digo. La poeta Margarita Garcia Alonso las ha visto conversando por ahí…

1361

Estimado doctor Temnitschka: Desde hace más de diez años no acepto premios ni títulos y, como es natural, tampoco aceptaré su ridículo título de catedrático. La asamblea de escritores de Graz es una reunión de imbéciles sin talento. Saludos cordiales,

Thomas Bernhard.0

1359

Desde que tengo memoria, escribir ha sido una panacea. No digo que desde pequeño haya querido ser escritor, porque en aquel entonces, e incluso ahora, ser precisamente “escritor” me parecía (y me parece) un imposible, una estafa filológica, un titulillo pretencioso que suelen colgarse aquellos que no son capaces de hacer otra cosa con sus vidas. Pero sí, escribir era y es una panacea.

Como siempre fui un lector ávido y voraz, pues no había cosa más lógica para mis padres que yo escribiera muchísimo, casi sobre cualquier tópico. Primero fueron las “composiciones” en las clases de español las que dieron a conocer “mi trabajo” a amigos y profesores, luego aquellos concursos de literatura, los cuales solía ganar con una facilidad pasmosa, perdonen que les diga. Pero, aun así, mi infancia siempre privilegió los juegos de pelota callejeros o aquellos de policías y bandidos que desplegábamos los muchachos del barrio hasta bien cerrada la noche. La literatura era una cosa secundaria. Cercano a la adolescencia comencé a escribir poesía, muy cursi, muy poco trascendental (hábito que hasta ahora he mantenido con disciplina estoica). Versos que hablaban de cordones de zapatos y de cuadros reflejados en el agua. Algún burócrata de una editora local contactó a mi madre para ver la posibilidad de publicar un poemario, pero a mí me avergonzaba que los socitos de La Creche y de la escuela supieran que su amigo era uno de esos “poetas raros” que, para mal de males, escribía pura bazofia desechable.

Ya desde entonces, ocultar mis simpatías por la literatura se convirtió en una tradición soberbia que incluía evitar talleres literarios o concursos juveniles. Y hablando de talleres literarios, recuerdo aquella vez en que asistí a uno que solía hacerse los sábados en la mañana en casa del “héroe del Moncada” Mario Muñoz Monroy. Estaba yo en el pre universitario y para romper el hielo, invito a mi socio Vitico a que me acompañe, aclarándole antes que la poesía que iba a leer había sido escrita por un amigo mío y no por mí. “¿Por un amigo tuyo?” me preguntó el negro Vitico, mi partner inseparable desde los tiempos del círculo infantil. “Si, uno ahí que tú no conoces”, le espeté con el mayor de los descaros, sabedor de que no se tragaría el cuento del poeta fantasma. (He de precisarles que el tema, como si de un pasado terrible se tratara, nunca volvió a tocarse entre Vitico y yo). Pues bien, una vez dentro del local, atestado de artistas locales y escribidores con ansias de grandeza, me decidí a leer un par de versos. Evidentemente nadie alcanzó a entender nada, y terminé largándome de allí con la fiel y sabia presunción de que jamás regresaría a uno de esos lugares. “No tienen nada que enseñarme”, me repetía a mí mismo con esa intolerancia prejuiciosa tan típica de la adolescencia. Y así fue.

A punto de terminar el doce grado, en una escuela al campo en Jagüey Grande, tuve que decidir cuál sería el rumbo que tomaría mi futuro. Tenía la sospecha de que el periodismo podría acercarme al vicio de escribir, sin tener que ocultarlo como si fuera el más terrible de los pecados. Pero a la provincia de Matanzas llegaban si acaso un par de plazas para la carrera y yo, estudiante irresponsable y despreocupado, no tenía la menor de las oportunidades, cosa que me salvó, sin dudas, de tener que recitar consignas para ganar un cheque. Terminé de cabeza por un año en una unidad militar de guerra, la 1410 de Cárdenas, en una brigada de tanques, cuando aún los rusos abastecían al ejército castrista de todo lo imaginable en los avatares de la muerte. ¿Y qué escribía para aquel entonces? Cuentos cortos que hablaban sobre muerte y guerras, narraciones sobre detectives privados, críticas de cine (mis amigos, siempre que querían saber algo sobre el séptimo arte, acudían a mí, cosa que me complacía pues el hecho de ser cinéfilo no estaba reñido con la imagen de duro que todo muchacho criado en un barrio difícil pretendía dar), historietas de Rock and Roll y algo de poesía, por supuesto.

Si de algo puedo enorgullecerme es de haber escrito miles de cuartillas a lo largo de mi vida, las cuales durante décadas descansaron invariablemente en el tacho de la basura, hasta que comencé a publicar mis poemarios una vez radicado aquí en Miami. Esos poemas desgarbados y amargos encontraron, sin dudas, mejor suerte que aquel intento de novela detectivesca que terminó embarrada de mierda (alguien necesitó limpiarse y mis papeles le sirvieron) en una de las trincheras de la 1410 (la brigada de Fines, el espanto del Diablo, la loma del terror).

1342

No suelo reunirme, desde hace mucho tiempo, en apiñamientos y congregaciones de escritores e intelectuales del patio (ni más allá). Me aburrí de los “dimes y diretes”, del despellejamiento vil, de los rumores y los odios. ¡Y el proceso de desintoxicación ha sido un éxito, he de decirles! El único problema es que para publicar un nuevo libro en el futuro próximo, tendré que asesinar, seguramente, a alguien.

1338

He leído a un laureado poeta cubano que aún reside en el horror, lamentándose de no poder conectarse a internet, él, que se ha ganado el derecho a acceder, gracias a su obra, al universo wi-fi. Que triste atisbar cosas como estas. Ser testigos del hombre cordero que, ante la mordida rabiosa del perro pastor, solo atina a lanzar un berrido inmisericorde para luego correr a confundirse entre la manada cabizbaja y gozosa, me reafirma que lo de la isla es más que merecido.

1323

Las casas también mueren, como nosotros. Con ellas se entierran las historias. Los sonidos, aquellos momentos de luz y ruidos que construyen, a trazos, la existencia. Se hundirá la casa Rayburn bajo el agua y ese discurso terrible, estremecedor de Sissy Spaceck, se ocultará también bajo las piedras y guijarros. Y sólo quedará el eco adormecido de una fugaz historia. Nada perdura, lo sabemos. Ni aquella mansión de Alea, enferma de soledad en medio del comunismo aterrador que invade cada resquicio y cada alma. Tampoco la casa de tía Mirta en el Vedado, con sus historias familiares, con sus visitas permanentes que han desaparecido tras la muerte. (Todos sabemos que avenida Boyeros ya no es igual sin ella). O Punta Alegre entero, ese lugar donde nació y creció mi madre, con sus casuchas sobre el mar y la memoria de festines y langostas asadas y guateques que a estas alturas parecen irreales y ficticios. ¿Cómo puede morir una ciudad entera? De igual forma que parten sus comensales, que fenecen sus tragedias y sus glorias. Las casas se derrumban… e incluso nuestras almas. El discurso de la Spaceck desgarrando a sus fetos, Mirta balanceándose en la sala frente al televisor y sus amigos, Pinelli quitando el polvo de los altos puntales, los pescadores en el muelle y mis primos riendo… Las casas también mueren, como nosotros todos…

1296

Ya para terminar, porque mi tiempo es preciado y no debo tirarlo a la basura, he de decirles que quizás la cosa más molesta del librillo de Eliseo Alberto sobre el que les he estado comentando es ese afán tremebundo por “superficializar” la historia de la república, por degradarla a un solo y básico plano, ignorando las complejidades que suelen acompañar los desatinos y las gestas de los hombres. El discurso de Eliseo Alberto es idéntico al discurso del castrismo o al del exilio heroico, cada uno en su justo lugar, cada uno desde esa visión vomitiva de la izquierda militante y revolucionaria. No hay cosa que moleste tanto como la imbecilidad de la intelectualidad cobardona y fatua y el aplauso de sus allegados.

1269

Leyendo el discurso de aceptación del Nobel, escrito por Bob Dylan, corroboro la estafa a la que nos ha sometido la “academia”. La literatura, a todas luces, ha dejado de ser la cosa primordial en estos andamiajes. O quizás, simplemente, la literatura ha dejado de ser lo que alguna vez fue.

1253

J. J. Armas Marcelo sobre Goytisolo. Aplica para muchos:

” Juan Goytisolo era provocador, contradictorio, muy pendiente de su imagen de supuesto outsider: quería serlo, un outsider, un escritor solitario e insobornable en sus modos y esencias, pero no lo era; quería ser considerado un escritor fuera de la élite, pero luchaba a brazo partido por ser uno de los primeros de esa misma élite que decía detestar”.

1244

Néstor Díaz de Villegas estuvo en Cuba, como algunos de ustedes sabrán. Y ha estado escribiendo sobre ello. Pero lo que publica en este último texto es brillante, desgarrador, tremendo. No tengo dudas, siquiera, de que Díaz de Villegas es no solo uno de los mejores poetas de su generación, sino uno de los mejores escritores en general que ha parido la isla en las últimas décadas.

1241

He de confesarles que toda esa bazofia de la trascendencia literaria ha terminado por aburrirme. Nosotros, los humanos, somos demasiado pretenciosos. Que no les quepan dudas. Cualquier afán de trascendencia, en realidad, que no sea aquel de perdurar en la memoria de nuestros hijos, me parece irrelevante, tonto, especulativo. ¡Dejémonos de comer mierda y aceptemos la realidad, coño! A eso se reduce todo.

1238

Dando los toques finales a la revisión de “Cuaderno de la vieja negra”, de esa magnífica poeta que es Margarita Garcia Alonso, no puedo más que resaltar el minimalismo estético e incluso conceptual que atesora la obra, donde los pequeños temas también se convierten, con esa gracia del poeta, en grandes e imponentes. Ya veremos cuándo termino de escribir la reseña, teniendo en cuenta mi escaso tiempo y mi holgazanería habitual. Espero que muy pronto.

1229

Aquilino Duque acaba de decirle a algún periodista español que lo más fascinante de Cortázar era el hecho de que fuese absolutamente lampiño hasta los cincuenta. Y que su fotogénica barba, la del escritor de marras, se cosechó a base de hormonas tomadas en la incipiente vejez. Una maravilla, qué duda cabe.

1225

“Mi padre fue un gran sastre, sí señor. Mírelo allí en esa foto” Un hombre negro de perfil comanda las paredes de la sala. “Era tan bueno que le cosía los trajes al presidente. Y todas las mañanas sintonizaba la radio para escuchar las emisoras de Cuba. Celia Cruz, la ‘jeringa’ matancera, Benny Moré…” Su inglés con acento creole se engrandece al nombrar a los músicos cubanos. “Y cuando se bañaba, en el baño que teníamos fuera de la casa, porque en aquellos tiempos eso era lo que se usaba, hijo, un baño fuera de la casa, allá en el patio, pues cuando se bañaba en las mañanas se ponía a cantar en español, porque sabía español, y bien que sí, y entonces su voz inundaba cada espacio de la casa, y yo todavía lo recuerdo así, cantando en español, larala,lala…” Y su mirada que se pierde en una bruma inexistente, y yo que juro que una especie de lágrima se asoma y hace brillar sus viejos ojos con una viveza indescriptible… “Mi padre fue un gran sastre, sí señor. Mírelo allí. Que era buen mozo mi padre…”0