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Venden en las proximidades de Homestead, a un costado de la avenida Krome, en uno de esos establecimientos armados para la exposición de frutas, legumbres y cosas artesanales que suelen producir los campesinos de la zona, un jamón ahumado para chuparse los dedos. Hay quienes dicen que el tesoro de aquel rincón son los batidos de fruta. Yo no concuerdo. El tesoro de aquel lugar es el jamón ahumado, el cual compro con regularidad desde hace años. Pues bien, hoy he acompañado el dichoso jamón ahumado con una Oberon Ale, que es una excelente American Wheat producida en la Bell’s brewery de Comstock Park, Michigan. Ellos se precian de que su cerveza es del color de los atardeceres soleados. Y he de darles la razón.

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Un oyente cubano hoy en la radio:

´´Óe, Julio, yo quiero felicitajte poj tu programa que está muy bueno y que toej mundo lo oye aquí en el pueblo ejte. Mira, lo que yo te iba a decij. Yo soy cubano. Cubanazo. Pero no tengo ná que vel con tóa la pajtía de incujto jesto que viven aquí ¿Tú me entiende? Y’e jora ya de decijlo que lo que hizo el presidente ése que nojotro tenemo fue una asquerosidá, eso de tirajle loj papele aj pueblo de Puejto Rico, óe, ¿jasta cuándo vámo a sopojtal al tipo este, al Trump ése que no sáe ni hablál y que tó los incujto cubanoides que están aquí en el pueblo ejte dicen que ej bueno. Y’e jora de paral a los raccionario jesto que, mira, ya hasta quitaron las visa pá ahogal al pueblo pojque ello siguen viajando pa cá y pa llá y pa donde quieran y ej pueblo cubano que…”

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Ilustres pobladores miamenses, ¡decepcionaos! No somos los primeros, he de deciros con congoja. Apenas los sextos. ¡Sí, los sextos! ¡Ay de nuestro excepcionalismo platanero y burlón! Solo sextos, a ver si los ánimos decaen. Otras cinco ciudades nos superan en tráfico. ¡”Cómo es posible” se preguntarán sin dudas! Pues por ahí andan las crueles estadísticas. La batalla está perdida. ¡Ay de nosotros! No somos los primeros…

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Entiendo la aprehensión que sienten varios amigos hacia Miami y sus contornos. Ese sentimiento de amor-odio por el lugar que alberga a la mayor comunidad exiliada cubana, a veces es compartido, incluso, por mí mismo. Pero déjenme decirles que la disfuncionalidad tan típica de estos lares trasciende el tema cubano y del castrismo per se. Miami es un compendio de las miserias que arrastramos todos los latinoamericanos que aquí nos asentamos. La corrupción de nuestros políticos se asemeja a la de un concejal de la Pintana allá en Santiago o a la de un licenciado de Veracruz. El afán estatista de un Curbelo o el oportunismo de una Ileana Ross encuentran parangón en el congreso de Uruguay o del Perú. Miami, la capital de las Américas, no es más que un esbozo de nuestro vicios originales, desde la frontera norte mexicana hasta el Chile austral. No existen demasiadas esperanzas para un lugar así, estemos claros.