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Y Rusia, de la mano del terrible Putin, jugó a dos bandas. Por un lado se coludió con los republicanos trumpistas para lavar el cerebro de la ingenua y susceptible gente de norteamérica, por mediación de alguna máquina emisora de rayos infrarrojos, aún no descubierta. Por el otro, aceptó dinero proveniente del DNC y de la fundación Clinton para inventar un dossier en contra de la candidatura de Trump… y por ahí vamos… por cierto, es casi inminente, según parece, el nombramiento de un segundo investigador especial para lo del lío del Uranio y el dossier… La cosa se pone aún más entretenida, si es que algo como eso puede ser posible…