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“Winter’s Bone” es una obra maestra, se los he dicho siempre. Y vuelvo sobre lo mismo aprovechando que Amazon Prime la ha liberado y está al alcance de sus suscriptores. Debra Granik, una realizadora tan brillante como poco prolífica, tomó la impresionante obra de Daniel Woodrell y la convirtió en una cinta memorable, en una pieza que solo necesita de unos años más para eternizarse como un clásico, como una creación imprescindible. Fiel reflejo de la América más profunda, la narración de Woodrell nos produce el goce, una vez llevada a la pantalla grande, de ser testigos de dos actuaciones majestuosas y desgarradoras: una Jennifer Lawrence como nunca más se ha vuelto a ver y un John Hawkes que debía haber ganado el Oscar sin discusión alguna. Para aquellos que quieran entender el espíritu de esta nación y de los hombres, no pierdan la oportunidad que la Granik les presenta. El filme, desgarrador, tremendo, no es más que un retrato de la naturaleza humana y del espíritu de supervivencia que subyace, por encima de cualquier otra cosa, entre nosotros los mortales.

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“Imperial Dreams” es, probablemente, la mejor cinta sobre el “ghetto” que he visto hasta el día de hoy. ¿Y por qué es la mejor cinta sobre el “ghetto” que me ha tocado ver, se preguntarán ustedes? Pues bien, más allá del talento narrativo y de la sensibilidad de Malik Vitthal, realizador y guionista, “Imperial Dreams” es la mejor cinta que he visto sobre el tema porque, simplemente, no invoca el discurso del victimismo en su narrativa, precisa, soberbia, estremecedora. Vitthal no busca culpables donde no los hay, y no lanza el peso de las responsabilidades y condescendencias sobre los hombros de otros. Se limita a mostrar con toda la incertidumbre posible, el inmenso amor de un hombre por su hijo. En Netflix…

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Y “The Washington Post” ha terminado convirtiéndose en el alabardero de los lacrimógenos perdedores de noviembre, de los intolerantes que en nombre de la tolerancia se permiten el odio y las malas mañas, de los ojerizos inquinosos que dicen amar y respetar y que solo desacreditan con saña a sus rivales… Definitivamente nada parece más mierdero que perder cuando pensabas que ganabas…

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En detrimento de los puristas más extremos, la verdad es que el “Slaves and Masters” de Deep Purple con el ex Rainbow Joe Lynn Turner, me gusta incluso más que el “The House of Blue Light” del monstruo Gillan. Siempre hablando pasados los setenta, of course.

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“Unsere Mütter, unsere Väter”, una miniserie germana de la UFA subsidiary TeamWorx, es un compendio de lugares comunes y de soluciones aparentemente fáciles, pero brinda, sin embargo, una original visión de la segunda guerra mundial proveniente desde el bando perdedor, el de la Alemania nazi. La pieza ha generado ácidas críticas por plasmar a una juventud germana engañada por los cantos de sirenas de Hitler y no fanatizada por la ideología de la supremacía racial y el antisemitismo, pero quienes hemos aprendido algo de la vida sabemos que no todo es blanco y negro. Y sí, los partisanos polacos eran salvajes y muchas veces antisemitas y los soldados rusos violaban y asesinaban a mansalva. La heroicidad de la guerra es una utopía irreal, y las gestas gloriosas mentiras inventadas por los hombres para justificar nuestros instintos animales. Es la guerra, en fin, un apocalipsis donde delimitar verdades y bondades es cosa casi inalcanzable. La recomiendo.

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“Manchester by the Sea” es una historia muy poco cinematográfica, han de saberlo. Llega a parecer, incluso, un jirón, un fresco rasgado de la vida común, de la existencia de los hombres. Tristísimo relato de una redención fallida, cosa inusual en la cinematografía norteamericana. Y cuando digo inusual, me refiero a la salvación frustrada de sus personajes, claro. Uno de los ejercicios más amargos que recuerde haber visto, he de decirles. Es tanta la desdicha, es tanta la pesadumbre, que llegamos a pensar que la aflicción es nuestra y que nos acompaña a cada paso y que no nos abandona ni por un segundo. Por cierto ¡Que gran actor es Cassey Affleck! Ya alguna vez se los había comentado. Espero que no me hayan tomado, en aquella ocasión, a la ligera.

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Aquilino Duque acaba de decirle a algún periodista español que lo más fascinante de Cortázar era el hecho de que fuese absolutamente lampiño hasta los cincuenta. Y que su fotogénica barba, la del escritor de marras, se cosechó a base de hormonas tomadas en la incipiente vejez. Una maravilla, qué duda cabe.

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Patricio Fernández, ahora representante de la post izquierda chilena, director de The Clinic, ese diario irredento y anticapitalista que hacia la segunda mitad de los años noventa irrumpió en el Chile del juez Garzón y el Pinochet vulnerable, ha escrito un texto para el NYT en español donde nos habla, con la convicción de los creyentes que necesitan restablecer su fe, acerca de una Cuba majestuosa que se abre a la modernidad tras el pacto de Obama y la muerte de Fidel. Ahora se pueden poner en escena obras de teatro de alta complejidad técnica y hasta se atisban novísimas grúas constructoras en el puerto. ¡Aleluya! Un milagro de San Obama, no me cabe la menor duda. Y es que eso es el viejo zorro Barack para la post izquierda latinoamericana, un beato venerable y sabio, bueno y redentor, que vino a hacer de esta nuestra tierra, incluyendo a la tenebrosa, claro, un lugar más justo y más hermoso. Y para muestra un botón, la Cuba pujante e inclaudicable (raro mixture que habita en las mentes calenturientas de los huérfanos ideológicos de los Komsomolets rusos) que nos describe el bueno de Patricio.

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Jessica Chastain, la talentosa pelirroja de ‘Zero Dark Thirty’ y ‘A Most Violent Year’, acaba de decirle, con muchísimo orgullo, a un periodista del diario español El Mundo, tan hipócrita como ella, que afortunadamente la “Resistencia” al malévolo Donald Trump crece entre los jóvenes de todas partes. ¿Y sobre Venezuela y el pueblo asesinado por los gorilas del chavismo? Les juro que ni la más insignificante de las menciones.

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Una de las mayores estafas de la “cubanidad” extramuros (o de la cubanidad libre, como algunos le llaman) es esa de que los políticos cubano-americanos que rigen en el Sur de la Florida e incluso en las cámaras federales, son conservadores o de derechas. Como les digo, un timo, una usurpación, un fraude.

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“Mi padre fue un gran sastre, sí señor. Mírelo allí en esa foto” Un hombre negro de perfil comanda las paredes de la sala. “Era tan bueno que le cosía los trajes al presidente. Y todas las mañanas sintonizaba la radio para escuchar las emisoras de Cuba. Celia Cruz, la ‘jeringa’ matancera, Benny Moré…” Su inglés con acento creole se engrandece al nombrar a los músicos cubanos. “Y cuando se bañaba, en el baño que teníamos fuera de la casa, porque en aquellos tiempos eso era lo que se usaba, hijo, un baño fuera de la casa, allá en el patio, pues cuando se bañaba en las mañanas se ponía a cantar en español, porque sabía español, y bien que sí, y entonces su voz inundaba cada espacio de la casa, y yo todavía lo recuerdo así, cantando en español, larala,lala…” Y su mirada que se pierde en una bruma inexistente, y yo que juro que una especie de lágrima se asoma y hace brillar sus viejos ojos con una viveza indescriptible… “Mi padre fue un gran sastre, sí señor. Mírelo allí. Que era buen mozo mi padre…”0

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Harvard Review es una de las tantas publicaciones literarias norteamericanas que suelo frecuentar asiduamente. O que solía. Pues he de confesarles que en los últimos tiempos he comenzado a aislarme de tanta tontería y de tantas aberraciones cometidas en nombre del arte, la literatura y el buen hacer. Es decir, he transmutado en una especie de ogro feroz con muy malas pulgas, incapaz de soportar ese extremo grado de idiotez que ha copado cada milímetro de la existencia de los hombres occidentales. Y el arte, tal y como han de imaginar, lleva la delantera en estos miserables menesteres.

Les comentaba específicamente acerca de Harvard Review, porque en una (ahora) de esas esporádicas vueltas de retorno me he tropezado con esta especie de proyecto vergonzoso y lamisquero, “Renga para Obama”, donde doscientos conmovidos poetas escriben y dedican sus haikus a una siniestra figura, político por demás, que acaba de abandonar la Casa Blanca y se dedica a dar discursos millonarios para engrosar sus arcas de proletario de mentiritas.

“Nos estamos embarcando en un proyecto literario de proporciones históricas, uno que expresa el profundo sentimiento de agradecimiento que tenemos para un líder político moderno que atisbamos como reflexivo, humano, y de mente literaria”. Eso nos dicen los editores de Harvard Review, como si se tratase de una asamblea de la UNEAC planificando uno de aquellos aborrecibles cumpleaños públicos que se le celebraban (con juglares y poetas y niños y flores recién cortadas del jardín) al dictadorzuelo Castro en la Cuba tenebrosa de la revolución.

“La manera ejemplar en que (Obama) ha llevado a cabo su deber representa lo mejor de lo que somos: una nación unida por un gran respeto por la libertad y las artes como un portador de nuestros valores más preciados”. Y luego los editores nos explican la genial y bondadosa idea, seguramente de profundísimos alcances literarios: “”Renga para Obama” se inspira en una forma poética japonesa tradicional. Poetas, trabajando en pares, compondrán una tan-renga (corto renga) de dos estrofas: primero, un Haiku tradicional de tres líneas de 5-7-5 sílabas, seguido de un pareado, llamado un Waki, de dos líneas de siete sílabas cada uno (7-7), que está destinado como una respuesta a la Haiku. ¡Un nuevo tan-renga (o un par de estrofas) se añadirán todos los días durante los primeros 100 días, o tal vez más!”

Así que ya saben, amigos y colegas. Escriban, escriban sobre el grandioso Obama, ese César moderno de las artes y el amor. La posteridad recompensará nuestros esfuerzos mientras seguimos hundidos en la mierda.