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Es preocupante la falta de seguridad que atesoramos en la gran Sodoma, léase United States of America. Los rusos, han de saberlo, continúan paseándose como Pedro por su casa, saboteando todo resquicio de legalidad y democracia que aún nos queda. Si no ¿cómo explicar que los republicanos, esos salvajes insensibles, hayan vencido en las cuatro elecciones especiales posteriores al ascenso del indeseable Trump? ¡Trampa! ¡Las boletas electorales han vuelto a ser hackeadas!

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Bret Stephens, un periodista neocon, ha conseguido pincha como columnista del NYT (algo impensable en las últimas jornadas, tratándose de alguien que profesa una ideología contraria al consejo editorial del diario) gracias a su posicionamiento anti Trump. Es decir, ser antipresidencial en el Estados Unidos de hoy en día, es cosa que aporta dividendos, aún entre aquellos que se autodenominan como “opinantes de derecha”. Y no está mal, por supuesto, pues la llamada democracia occidental se nutre de ello. Claro, que cuando echamos un vistazo a la última columna del mencionado Stephens en el diario de marras, entonces nos percatamos de que las ideas no son más que un mero artilugio decorativo, que como objeto más o menos preciado, se vende al mejor postor. Y es que a mí me parece desafortunado y sobre todo muy poco consecuente, que en aras de defender a capa y espada el discurso de la defensa de la emigración ilegal, se cargue contra los nacionales, con ese tufillo de odio tan convenientemente “racionalizado” que solo los adalides de la corrección y el falso buenismo nos pueden aportar.

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The Bachelorette, el show rosa de la ABC, se ha convertido en sujeto de análisis racial por parte del NYT durante esta última temporada. La sección cultural del diario neoyorkino ha dedicado al menos cinco columnas sobre el tema. En esta última, acusan a un tal Lee de “specter of black aggression and the halo of white innocent”, con un tono donde el odio y (¿por qué no decirlo?) el racismo a la inversa, terminan por coparlo todo. Jon Caramanica, colaborador de la ultra izquierdista Salon, y la veterana Amanda Hess, ambos blancos como el papel de la libreta escolar de tu hijo, han sido los encargados de llevar este discurso hacia adelante. Vivimos tiempos horrendos, de una autofagia realmente sorprendente.

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Una de las cosas más tristes y conmovedoras que me ha tocado ver en estos tiempos oscuros y desesperanzadores. El Chulo le dedica un sentido tema a Chocolate, encarcelado en una penitenciaría de Miami, entre tipos que poco o nada saben sobre el palón divino. Me faltan las fuerzas, incluso, para compartir tan estremecedor video. Las gracias a Alex Díaz, por su sensibilidad y buen tino.

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Me he tropezado a un par de cubiches tolerantes, progresistas, preguntándose el porqué de tan escaso entusiasmo entre sus coterráneos tras el discurso de Trump en el Artime. La cosa curiosa en estos casos, y si sumamos a los “comentaristas” entenderemos aún mejor, es que ninguno de ellos, tan preocupados por las opiniones de los demás, dijo cosa alguna sobre los sucesos del tiroteo “demócrata” a los representantes del partido rival. Silencio absoluto o alguna que otra pusilánime justificación. Y así vamos…

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“The Girl with All the Gifts” es una de las cintas más estremecedoras que puedan verse. Como toda buena pieza de horror, su génesis y su esencia versan sobre el temor a la muerte y también sobre el instinto de sobrevivencia que a cada paso nos anima. La curiosa aproximación de Colm McCarthy a la obra de Mike Carey, demuestra con creces que el universo “zombie” ha venido a constituirse en una metáfora genial sobre la existencia de los hombres. Al final de la jornada, esa inmisericorde amargura que nos asfixia, es muestra prístina de cuán poco sabemos sobre el destino que nos espera. Ganadora del British Independent Film Awards (2016), la cinta de McCarthy no puede ser menos que recomendada.

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Robert Mueller, el special prosecutor encargado de investigar los presuntos nexos entre Rusia y la candidatura del ahora presidente Donald J Trump, se supone que debiera ser un tipo imparcial ¿cierto? Y, sin embargo, el hombrecillo es excelente amigo del defenestrado Comey, lo cual ya incita a arriscar la nariz. Pero si eso no fuera poco, el hecho de que el susodicho eligiera a sus cuatro investigadores especiales de entre las filas de donantes de la perdedora Hillary Clinton, la vieja bruja de la política norteamericana, ya nos obliga a taparnos la nariz para no tener que percibir el hedor. Señores, que no les quepan dudas. La jugada está cantada.

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Y James Hodgkinson, el hombre que disparó con un rifle semiautomático en contra de legisladores republicanos, resulta que era un socialista radical.Sus furibundos posts en contra del presidente Trump y del partido republicano se me antojan idénticos al de un montón de tipos que conozco y que aseguran “resistir” en nombre de la tolerancia y la decencia. La rabia de esta izquierda criolla ya comienza a apestar.

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“Chef”, de Jon Favreau, es un homenaje a la cocina y la comida y es también, hemos de decirlo, una especie de road movie colorida y fresca que hace una especial mención de la comunidad cubanoamericana enclavada en Miami, y que habla de sus medias noches y de la yuca con mojo y el lechón asado con esa admiración que a veces ni nosotros mismos somos capaces de auto profesar. “Chef” se vanagloria de cantarle con amor al Versailles de la Pequeña Habana, con más denuedo que a la jambalaya de New Orleans o a la mixture chip de los finos restaurantes angelinos. Y como si fuera poco, Favreau dice que no existen los imposibles en la vida y que las segundas oportunidades son un regalo de Dios que debemos de abordar con toda la necesaria disposición. En fin, la vida es una sola.

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J. J. Armas Marcelo sobre Goytisolo. Aplica para muchos:

” Juan Goytisolo era provocador, contradictorio, muy pendiente de su imagen de supuesto outsider: quería serlo, un outsider, un escritor solitario e insobornable en sus modos y esencias, pero no lo era; quería ser considerado un escritor fuera de la élite, pero luchaba a brazo partido por ser uno de los primeros de esa misma élite que decía detestar”.

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Castro II no estaba muerto, andaba de parranda, recibiendo a algún personajillo “ilustre” de los confines del mundo. Eso, y que el Coco Fariñas haya vuelto a tener sus 5 minutillos de fama (¡sin tener que hacer huelgas!) ha sido la última nota relevante de ese anticastrismo soso que tanto conviene a los aparatos de seguridad del régimen. Y es que ver a nuestro recordista Fariñas emocionarse por aquello de que la prensa extranjera lo recordó nuevamente tras el chisme de marras, no tiene precio. Para todo lo demás, existe Master Card.