1191

La adustez de las baladas lacrimógenas de los ochenta, léase José Feliciano, José José y sucedáneos, ha dado paso al espíritu epicúreo del reguetón y la bachata. ¡Ah, esta humanidad que aún no tiene idea de cómo perpetuar la inmortalidad y esa cosa que llamamos felicidad! Por cierto, Eduardo Jo se hacía una pregunta agudísima sobre el tema.

1190

“Busanhaeng” (Train to Busan), una cinta de Sang-ho Yeon inspirada en su propio corto de animación “Seoul Station”, es una excelente obra que, amén de la lectura social que los críticos le han dado en cada una de sus críticas y revisiones, privilegia sobre todo, en mi opinión, el vínculo filial entre un padre y su hija, expuesto al horror inesperado de la supervivencia. Exhibida en la selección de filmes de medianoche del Festival de Cannes, esta narración, soberbia, impecable, irredenta, es un canto de amor en medio de la oscuridad y de la sinrazón, amén de una exquisita pieza de horror irredimible. Como toda obra “zombie”, invita a la contemplación de la naturaleza humana, en este caso sin atesorar pretensiones ligeras, con el pesado mazo del temor machacando cabezas y aletargando almas.

1189

Clint Eastwood es, y no tengo dudas acerca de esto, el realizador norteamericano más importante de los últimos treinta años. Ello se debe, he de aclararles, al espíritu que suele rondar sus obras más que a la perfección de su trabajo. La misma “Million Dollar Baby”, muestra ripios en la historia, y una velada manipulación sentimental que, sin embargo, no logra disminuir la belleza narrativa que la caracteriza.

Ya les había comentado alguna vez que un propósito persistente en el trabajo creativo de Clint Eastwood ha sido el de retratar la historia más común del norteamericano promedio a través de esa dualidad existencial, inseparable por demás, que es la redención como requisito previo o postrero de la muerte. Lo mismo ocurre, con matices, en el filme de marras, donde una extraordinaria Hillary Swank (Meryl Streep ni Meryl Streep) interpreta magistralmente a la corajuda y sin embargo desdichada Maggie Fitzgerald, mujer empecinada en triunfar a pesar de los imperativos que, como obstáculos gigantescos, se interponen en su camino. Tan estremecedor es el performance de Hillary Swank, que se queda marcado para siempre, como uno de esos tatuajes que se niegan a desaparecer a pesar de las planchas y del láser.

1188

Si ya en sus primeras seis temporadas “The Walking Dead” se nos había revelado como un ejercicio genial de sentido común y existencialismo antropológico, y en los inicios de la séptima, la figura cruel y codiciosa de Negan emulaba al papel del Estado en la vertiente crítica del libertarismo, es a la altura de la segunda mitad que la obra alcanza el pináculo de su carácter conservador. Específicamente en el capítulo ‘Bury Me Here’, donde Morgan y su filosofía conciliatoria orientalista terminan claudicando ante la rudeza de la subsistencia y el horror de la naturaleza humana. ‘Bury Me Here’ muestra brillantemente (en uno de los mejores capítulos de la serie), bajo la égida del talentoso Alrick Riley, la transformación del buenismo existencial a consecuencia de la necesidad biológica de sobrevivencia. La brutalidad tremenda de los diálogos, la melancolía de la muerte, se adueña del alma de los personajes y nos deja a nosotros, los espectadores, anonadados ante tamaña muestra de humanidad incierta. El arte, en toda su dimensión extraordinaria, pertenece sin dudas a la tristeza.

1187

Y ahora prácticamente toda la prensa occidental comienza a hacer énfasis en que es Angela Merkel y no Donald Trump el (la) verdadero (a) líder del mundo libre. ¡Dios nos coja confesados! Sería, en realidad, la panacea para el extremismo islámico. En todo caso, he de decirles, no creo que al poco ortodoxo Trump le interese el titulillo de marras. El tipo de cabellera rubia/naranja parece estar más preocupado por el destino de su patio que por cualquier otra cosa. La implementación de medidas anti burocráticas ha sido ignorada por la prensa. El boletín oficial de la Casa Blanca no ha sido publicado por ninguno de los grandes medios. Pero aun así la actual administración, más allá de plumas y floreros, ha hecho cosas que ni siquiera políticos autodenominados como conservadores han implementado en el pasado. ¡Y eso que este movimiento Trump, proteccionista y nacionalista, sin duda alguna, traspasa ideas partidistas y definiciones ideológicas!

Veamos. En los primeros 50 días del nuevo gobierno la economía ha empezado a crecer a un ritmo que sobrepasaría los tres puntos al final de año, nada visto desde aquel lejano 2007. Cada organismo federal ha comenzado a establecer una reforma que permitiría identificar regulaciones costosas e innecesarias, las cuales serán modificadas o eliminadas en breve plazo. Por cada nueva regulación federal, por ejemplo, se eliminarán dos regulaciones existentes. El Departamento de Comercio anda agilizando los procesos de permisos federales para la fabricación nacional y reducir así las cargas regulatorias a los fabricantes del patio. Se ha firmado la Resolución Conjunta de la Cámara 38, para evitar que la “regla de protección Stream” cause más daño a la industria del carbón. A la par, se anda revisando la llamada “Regla de Agua Limpia: Definición de las aguas de los Estados Unidos”, conocida como la regla Wotus, para evaluar si está sofocando el crecimiento económico o la creación de empleos.

A nivel central, una verdadera revolución sacude a Washington, y casi nadie dice nada. Por ejemplo, se ha puesto en marcha una congelación de la contratación de los empleados civiles federales para detener la expansión de un gobierno ya hinchado. (Medida tan libertaria no se intentado ejecutar siquiera en casi un siglo). Además, se han establecido nuevos compromisos de ética a todas las personas asignadas al poder ejecutivo, creándose una prohibición de lobby de cinco años y el veto definitivo de ejercer presión a favor de los gobiernos extranjeros.

Y aunque aún se debate el establecimiento de una nueva ley de salud, se ha eliminado aquel antiguo mandato dictatorial de obligar a todos los residentes y ciudadanos a tener un seguro de salud, so pena de ser multados por el IRS, la “nueva policía orwelliana” del pensamiento. (Otro triunfo inmenso de las libertades individuales ¿o no?). Sumemos otras cosillas no menos importantes como el plan para reconstruir las fuerzas armadas, la renegociación en la construcción de aviones F-35, la sanción a 25 entidades financieras que participan en el programa balístico de Irán, el descenso en un 20 % de las entradas ilegales por la frontera Sur, la firma de una orden ejecutiva para combatir la corrupción (a través de la fiscalía general) de entidades nacionales, el espaldarazo a los Colegios y Universidades Históricamente Negros, la conversión en ley del fomento de programas empresariales para la mujer de la Fundación Nacional de Ciencias…

Más allá de ralas melenas al viento o boquitas fruncidas o dedos apuntando, la verdadera animadversión de la izquierda (y la prensa sabuesa que soporta desde hace años un único pensamiento, una única ideología) se debe a todas estas cosas hechas en los primeros cincuenta días de la nueva administración. La guerra fratricida en contra del nuevo gobierno apenas si comienza. Los horrores apenas si se asoman.

1186

Una obra como “Contact” podría pecar, en los tiempos que corren, de tradicionalista y reaccionaria. Ello, a pesar de no ser propiamente un ejercicio de fe, sino más bien una aproximación muy sobria a eso que llamamos agnosticismo teísta. Pero ya sabemos de la pata que cojea el Hollywood del nuevo siglo. La novela de Carl Sagan, ejemplarmente “traducida” por Robert Zemeckis, un hacedor de grandes obras y monumentales producciones, indaga en los misterios insondables que abordan el cuestionamiento socrático acerca de quién diablos somos, de dónde provenimos, de cuál es nuestro papel en la existencia.

La respuesta de Sagan (y Zemeckis) es una especie de anti positivismo, he de decir, que no hace más que reforzar la tradición “zemeckiana” del ensalzamiento del arquetipo del héroe americano, lo cual podría convertirlo automáticamente, a los ojos de muchos, en el ejemplo “deplorable” del creador conservador. La pieza, no está de más decirlo, atesora el invaluable plus de contar con una Jodie Foster justo al filo del comienzo de su declive, junto a un entonces prometedor Mathew McConaughey y dos monstruos de la actuación como los veteranos Tom Skerritt y John Hurt. Y como siempre me gusta recomendar los trabajos de Zemeckis, debido a que se me antojan honestos y aprovechables, pues desde ya los animo a que corran a ver este filme si es que aún no lo han hecho. “Contact”, por cierto, a pesar de haber sido subvalorada por la crítica en general, me parece uno de sus ejercicios (hablamos de Zemeckis, claro) más vitales y honestos.

1185

En el último número de la revista Harper’s entrevistan a cuatro profesoras “representativas” de la nacionalidad norteamericana, acerca de lo que significa para ellas el día internacional de la mujer. Sus respuestas aterran, sobre todo cuando nos percatamos de que la educación de nuestros hijos está en manos de personas como estas. Pero volviendo al punto central que pretendo incluir en mi comentario, las cuatro mujeres que representan a la sociedad norteamericana según la “escribidora” Stephanie McFeeters, son una afroamericana, otra afroasiática, una palestina, y por último otra árabe-norteamericana. Esta es la diversidad que promueven los diversos. Estos son los tiempos que vivimos, en la que las publicaciones de arte, más allá de cualquier otra cosa, se dedican a producir propaganda política en pos de una ideología determinada.

1183

Kung Fury es un divertimento genial de treinta minutos, elaborado en Suecia, pero tomando como referentes culturales a la violenta Miami de los años ochenta y a la cultura pop norteamericana, sin obviar, por supuesto, la iconografía japonesa de la post guerra. David Sandberg es el “tipo” detrás de esta genialidad. ¿Quieres olvidar las penas y desternillarte de la risa? ¿Dejar en el olvido a la prensa parcializada y la histeria política de los malos perdedores? Kung Fury es la única respuesta. Ah, por cierto, ya es hora de que te enteres. Adolf Hitler es inmortal.

1182

La muerte, implacable, sigue su curso de manera invariable, sin hacer caso de las alternativas que el destino pueda improvisar. Andy Whitfield documentó su último año de vida de manera admirable, enfrentando su “Dorado” con bravura y con sabiduría. Whitfield solo alcanzó a acariciar el éxito como actor. Un linfoma lo arrebató de la vida, de sus pequeños hijos, de su familia amada. En el lecho de muerte explicó a sus vástagos que ya se iba al cielo, porque su cuerpo se había roto. Que era igual a una mariposa que no podía volar. Al tiempo de haber partido, sus hijos encontraron, precisamente, una mariposa en la entrada de casa. Tenía un ala rota. Sabían que era su padre que los visitaba y que cuidaba de ellos. “Be Here Now” es una pieza conmovedora, brutalmente hermosa, inolvidable. La pueden ver en Netflix.

1181

“Ferris Bueller’s Day Off”, cinta de culto de la década de los ochenta, seleccionada por el US Library of Congress para su preservación en el The National Film Registry, posee sobre cualquier otra cosa, han de saberlo, un inmenso valor icónico que, a la luz de los tiempos que corren, termina por otorgarle un carácter de tesoro vivencial, especie de constatación antropológica de una época en que en los Estados Unidos primaban los méritos sobre los cuales fue construida esta nación.

“Ferris Bueller’s Day Off” no trata solamente, les digo, acerca de la viveza y simpatía de un estudiante que decide saltarse un día de clases junto a sus amigos, y pasarla en grande. “Ferris Bueller’s Day Off” trata, esencialmente, sobre las libertades individuales y la alegría de vivir. A la pieza de John Hughes, por cierto, los “liberales” del momento la tildaron como una cinta ridículamente alegre y optimista, pues al fin y al cabo gobernaba Ronald Reagan (¡Ah, qué horror!). Las referencias al vicepresidente Bush o a las políticas económicas de la escuela de Chicago fueron bardas imperdonables para los “progresistas” de aquel entonces, por lo que es de suponer que muchas cosas no han cambiado en relación a la intolerancia de los “tolerantes”.

Pues sí, permítanme remarcarles el hecho de que “Ferris Bueller’s Day Off” no es tan solo un canto de amor del director y escritor John Hughes a su ciudad amada, ni es mucho menos una simple historia de adolescentes en aquella década maravillosa. A pesar de sus imperfecciones y de ese, hoy en día fácil de atisbar, espíritu naif, la pieza sobresale por su propio orgullo existencial y por la simpleza de sus postulados. Y de paso terminó por convertir al ahora difunto John Hughes en el gurú, en el cronista imprescindible de una época y de una generación. Los ejemplos sobran: “Sixteen Candles”, “The Breakfast Club”, “Weird Science” y por supuesto “Ferris Bueller’s Day Off” son comedias simpáticas y también, ¿por qué no decirlo?, profundas e impregnadas del espíritu de tiempos extraordinarios y magníficos.

1180

“Arrival” es una historia semiótica, algo filológica, contada por uno de los más sagaces narradores del cine de estos tiempos, el canadiense Denis Villeneuve. La pieza, basada en un texto del brillante Ted Chiang, indaga sobre todo en los alcances prácticos de la comunicación y sus consecuencias. Y a tenor del riesgo de parir una obra plana y aburrida, según los estándares del séptimo arte, lo cierto es que Villeneuve echa mano a su talento y con un admirable giro final, basado en la desestructuración narrativa de la pieza, redondea como siempre un trabajo más que meritorio. ¡Ah, Villeneuve que estás en los cielos! ¡Eres capaz de traernos una historia que reboza de humanismo, que transpira esa sensación de dolor e inseguridad perpetuas que nos persigue y atosiga, así como quien chasquea los dedos y sigue, sin embargo, tan campante!

El mérito de este Villeneuve radica, he de decirles, en su capacidad de hacernos creer que lo que cuenta es absolutamente cierto, y hasta puede emocionarnos y hacernos pensar por largo tiempo. “Prisoners”, “Sicario” y sobre todo aquella “Enemy”, a la que nos remite a través de cierta coincidencia argumental (sí, les hablo del texto heterotópico de Saramago), son ejemplos vitales de esto que les hablo. Y, a pesar de ello, la referencia más directa de la obra de Chiang, me parece, proviene de los textos de Carl Sagan. Por ende, esta pieza de Villeneuve está más cercana a aquella “Contact” de Zemeckis o a “Close Encounters of the Third Kind” de Spielberg que a esas otras cintas sobre apariciones de extraterrestres en la tierra, que suelen explotar la vertiente más trillada de la subsistencia y el pre apocalipsis como reflejo de la naturaleza humana.

1179

Dan Piepenbring nos recuerda en la última edición de The Paris Review que el último suspiro de libertad creativa en la extinta URSS tuvo lugar allá por 1932, antes de que el Estado apretara las clavijas y obligara a sus artistas e intelectuales a producir propaganda pura. Es decir, todo totalitarismo de izquierdas tiene su período gris. De más está decir que ni siquiera en esto el castrismo ha sido innovador, como todos sabemos.