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El Islam es amor. ¡Una religión de paz, malditos fascistas!

Sura 4, versículo 91:

“Hallaréis a otros que desean vivir en paz con vosotros y con su propia gente. Siempre que se les invita a la apostasía, caen en ella. Si no se mantienen aparte, si no os ofrecen someterse, si no deponen las armas, apoderaos de ellos y matadles donde deis con ellos. Os hemos dado pleno poder sobre ellos”.

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Veo a decenas y decenas de jóvenes musulmanes en las calles de Londres, sin camisas, golpeándose a sí mismos por algún mandato divino del supremo Alá, y no puedo hacer otra cosa que pensar en los ejércitos de trasgos y de orcos de Saurón, que quieren zamparse a la Tierra Media y dejarla, así, sumida en las tinieblas. ¡El que tenga ojos para ver, que vea!

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La satanización de un personaje como Donald Trump, en los tiempos que corren, es una especie de rescate de aquella hegemonía conceptual “diabólica” que tanto se enarboló en tiempos de la inquisición. Las razones, políticas, persiguen un mismo fin. Si en aquel entonces la intención era la de permitir a la iglesia católica tener jurisdicción sobre feudos y ducados, como bien nos recuerda Dennis Muchembled en su magnífica “History of the Devil”, ahora la praxis es un justificativo para establecer la continuación del dominio de la ideología de izquierdas en la política norteamericana.

Trump es el eterno conspirador, encarna un peligro mayor para el orden social establecido y debe ser temido y repudiado. Representa el concepto del Mal como antagonista de lo bueno y admisible, con el riesgo plausible de que su exagerada caricaturización termine perdurando como objeto fetiche o de apego cultural. Su perpetuidad dependerá del resultado de las elecciones venideras, y sin embargo, me arriesgaría a aventurar que el “efecto Trump” sobrevivirá, de cierta forma, en el discurso intelectual de izquierdas, como recordatorio de que la “malignidad” acecha y de que el omnipotente padre Estado nos puede proteger de tan temibles provocaciones y amenazas.

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La Wikipedia suele ser un instrumento vulnerable, por su inexactitud. Por ejemplo ¿A quién carajos se le ocurre denominar al salafismo como una corriente ideológica de extrema derecha? Pues a algún iluminado con acceso a la enciclopedia de Jimmy Wales. Las religiones no poseen ideologías políticas o partidistas. Yo, que soy de los pocos que aún sustentan el denominativo tradicional de izquierdas y derechas, pero siempre en relación con la posición del hombre frente al estado, considero una insensatez una afirmación de tal cariz. El salafismo no es más que una representación religiosa del islam original. Ni más ni menos.

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Bombas caseras en Manhattan, un tiroteo en algún mall y un apuñalamiento masivo en otro… Todo eso en escasas semanas. Los tres perpetradores, musulmanes. ¡Que la religión de la paz sea con vosotros!

طوبى للأتباع الله ودينه من السلام والمحبة والتسامح!

(Bienaventurados sean los seguidores de Alá y su religión de paz, amor y tolerancia!)

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Ese pobre muchacho, Dahir Adan, que afirmaba con estoicismo ser un soldado del islam, la religión de amor y paz, y que este sábado apuñaló a nueve deplorables y racistas infieles en Minnesota (seguramente de esos que dicen que los musulmanes constituyen un peligro), ha sido muerto en el lugar de los hechos por un civil armado. ¡Han violado su derecho constitucional a la libre expresión! Ya es preocupante, a estas alturas, la intolerancia (atizada seguramente por Donald Trump) hacia aquellos modestos fieles que musitan Al-lahu ákbar.

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Mirando al padre del asesino Omar Saddiqui Matten asistiendo con júbilo a un mitin de la candidata Clinton, y escuchando sus entusiastas declaraciones de apoyo al partido del burro, entiendo ahora el por qué el vejete se apresuró a deslindar los motivos religiosos de la masacre de Orlando, inmediatamente después de que su vástago le diera ñámpiti gorrión a medio centenar de homosexuales.

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Emma Thompson, excelente actriz pero muy limitada como ser pensante, acaba de afirmar en medio de una marcha combatiente, que el calentamiento global es el gran peligro del siglo XXI. A Emma le preocupan más sus pulmones que el pescuezo.


 

El Papa Francisco, ese curioso personajillo que cerrará su primera gira de África en una mezquita en Bangui, me recuerda a Brother Justin, el de Carnivale, el que interpreta Clay Brown. Ah, ¿que no saben de qué hablo? Pues a mirar la serie.


 

Si antes fue la súplica por el perdón del Cairo (y luego los militantes musulmanes haciendo con el mundo lo que les ha dado la real gana), tras la nueva súplica obamista de París y el COP21, solo nos queda esperar que la temperatura global se eleve unos cinco grados más como promedio.


 

A propósito de la COP21 y esos debates sobre el cambio climático: toda utopía está condenada al fracaso. Toda utopía contribuye aún más al envilecimiento de los hombres.

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El Islam es un sistema psicopático de “valores”, hablando en términos clínicos. Allí a donde llega, intenta cambiar lo circundante para adecuarlo a sus intereses y a su interpretación de la existencia. Es, en ese sentido, un castrismo ejecutivo, una especie de autoritarismo religioso. Partiendo desde esa base se hace imposible humanizarlo, se hace imposible arrimarlo a la escala occidental de valores. Es un “incompatible práctico”.

Insistir en la aceptación y comprensión del Islam como sociedad organizativa de una comunidad cualquiera, no es más que ponerse la soga al cuello y darle una patadita de rigor a la banqueta.

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No se si lo han notado. Deambulan por las redes sociales esos incólumes defensores de prácticas budistas y orientalistas, contenedores de toda la sabiduría posible, dueños de la verdad…

A la usanza de los testigos de Jehová domingueros, pero en una pared de Facebook, intentan convertirte a cómo de lugar. Y te corrigen, y te enseñan, y te muestran el camino a seguir. Si no lo logran, todo el equilibrio atesorado durante innumerables veranos queda en entredicho y entonces te acusan de ignorante, poco capaz, iletrado, perezoso…

Compruébelo por sí mismo. No hay luchador más esforzado y dedicado que aquel que enarbola la bandera del budismo!

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Las religiones organizadas pretenden, sobre cualquier otra cosa, intentar establecer la divinidad del hombre como un hecho incuestionable. ¡Nada más falso! Más allá de normas éticas y morales, al separar la paja que oculta nuestra verdadera naturaleza, descubrimos que somos animales. Y que la supervivencia en cualquiera de sus formas es el motor que nos impulsa. Si acaso alguna esperanza subsiste hacia el final de los tiempos es esa, la de la sobrevivir a como dé lugar. La modernidad y la post modernidad no han sido más que ropajes para encubrir la ferocidad del hombre, de la manada. Detrás de cada afán de trascendencia, de cada ejercicio de poder, de cada gobernado dispuesto a refugiarse en la seguridad del colectivo, subyacen el temor a la muerte y la disposición de matar en aras de evitar el fin.

Dueños de la verdad

Tan intolerante es un fanático religioso como un fanático ateo.

No somos dueños de la verdad. No conocemos la verdad. La verdad de la existencia. Y a ello se reduce todo el discurrir de la filosofía durante la historia del hombre, a intentar responder el cuestionamiento de qué somos y adónde vamos. ¿Existe un Dios creador o somos nosotros nuestros propios dioses? La historia del hombre, aparentemente compleja, se simplifica en este “sencillo” debate teológico. Todo el resto es minúsculo, secundario.

149. FEMEN y el Islam

Podemos criticar todo lo que querramos al grupo ultra feminista FEMEN, pero cuando su fundadora Inna Shevchenko dice cosas como esta, sólo nos resta quitarnos el sombrero y hacer una reverencia. ¡Avergonzaos, políticos del Occidente entero!

Y dice Inna:

“No puedo creerme la hipocresía que detecto, sobre todo cuando se habla de la religión. El Estado Islámico, como muchos otros grupos terroristas, está matando “infieles”, o a aquellos que creen en otro dios. Ellos amenazan al mundo con su venganza religiosa. Hay musulmanes que dicen que el estado islámico no tiene nada que ver con el Islam, pero eso es ridículo. La Yihad se explica claramente en el Corán y es, obviamente, lo que está en el origen de su “misión”. No nos importa que la gente piense que no respetamos el Islam o cualquier otra religión que sea tan opresiva, especialmente hacia las mujeres, que les está negando los derechos humanos y que es una fuente de grupos terroristas como el Estado Islámico. No nos importa, porque nosotros no lo respetamos”.

 

49. El Papa pobre

Se habla de Francisco y se le cuelga el sagrado cartel de Papa de los pobres. Salvador Sostres dice, con razón, que esto no es cierto. Francisco no es el Papa de los pobres. Francisco es un Papa pobre, que pretende emular, y en ello pone sus esfuerzos, la vida de un pobre. Papa de los pobres fue Juan Pablo, que como bien dice Sostres ayudó a derrumbar al comunismo. ¡Y créanme cuando les digo que eso sí es mejorar la vida de los otros y que eso sí es preocuparse por pobres y por desamparados!

Si las pretensiones de Francisco son las de convertirse en el sostén de los pobres y de los oprimidos, le recomiendo entonces que hable de Cuba y de su dictadura, que condene a los populistas de América Latina, a los hacedores de pobreza, a los bandidos socialistas que profanan constituciones y esclavizan a sus pueblos.

37. Agnosticismo y fe

Ante la inmensidad de este universo que habitamos, donde sus fronteras alcanzan la magnitud que nosotros mismos seamos capaces de asignarles (porque no hay límites para el infinito), los problemas triviales sobre políticas e ideologías se reducen hasta un nivel risible. ¿Cuán perdurable podría resultar una consigna o un partido o una interpretación filosófica cualquiera? ¿Resisten la presencia de la muerte, todas ellas, sea cual sea su naturaleza verdadera? ¿Sobreviven a la historia contada por los hombres?

Responder estas preguntas es un imposible práctico, porque hacerlo significaría que conocemos la Verdad y que nuestras dudas existenciales inexistentes son. Podemos conjeturar sobre la naturaleza de la vida humana, sobre la creación del universo y de la vida en este planeta o en cualquier otro lugar, pero no por ello estaremos convencidos de ser poseedores del mayor secreto, ese que explica el misterio de la creación y la existencia. Y aun si así fuera, imposible sería que la certeza de nuestro convencimiento se tradujera en una verdad factual.

Mi agnosticismo no es más que un reflejo de profunda religiosidad. Creo en un Dios, pero no se cómo es ni donde reside ni de qué manera rige los destinos de la vida y de la muerte. Mi ignorancia es suprema y mi testarudez digna de repudio.

Entiendo la necesidad de la Fe. Yo mismo la profeso, aunque de manera incierta y a veces hasta errática. Sin Fe este mundo sería aún peor y estaría condenado al totalitarismo más atroz e inimaginable, porque no existe nada peor que la tiranía de las masas incrédulas y gobernables.

 

22. Lo más increíble de los milagros es que ocurren.

Los milagros existen. Ellos cimientan nuestra fe.

Es cierto, son escasos en número. Precisamente por eso los llamamos “milagros”. Son, en esencia, el resultado matemático de una acción inverosímil, asombrosa e increíble la mayoría de las veces.

No sé yo de donde provienen los milagros. Al menos no lo sé con certeza inamovible. Sospecho en la participación activa de Dios, sea quien sea, y de algunos otros. (No es secreto que rezo casi a diario al bueno de San Judas Tadeo, a quien le debo algunos favorcillos).

Al igual que Gilbert K. Chesterton, yo afirmo que lo más increíble de los milagros es que ocurren.

 

15. Habemus Papam: más cristiano que latino

Humo blanco en la basílica de San Pedro, la inmensa tumba de Simón el pescador. ¡Habemus Papam! Y para estar a tono con los nuevos tiempos, un cardenal argentino, del sur profundo de la América recibe la titánica misión de salvar a una iglesia que, por momentos, pareciese que se cae a pedazos. Jorge Mario Bergoglio, desde hoy Francisco I, hombre de recta fe según sus conocidos, ya no podrá nunca más tomar el bus desde su piso en el centro de la capital Buenos Aires hacia la periferia citadina, donde solía asistir a necesitados y creyentes.

Bergoglio es un conservador teológico que en repetidas ocasiones se ha opuesto al poder peronista de los Kirchner. Eso por sí solo lo convierte automáticamente en un hombre honesto y hasta sabio. ¡Pero que no se abriguen falsas esperanzas! El catolicismo, casi seguramente, coqueteara como es usual con dictaduras y totalitarios y virará su rostro ante injusticias que no gozan del apoyo de las masas. Al fin y al cabo el Vaticano, más que una fuente de santidad y fe, es un estado regido por hipócritas normas diplomáticas escritas y establecidas por humanos.

Espero que este nuevo Papa sea más cristiano que latino. Que sobre todas las cosas sea un digno príncipe de la iglesia, si ello fuera posible y que no caiga, por complacencia o cobardía, en la trampa del chovinismo localista. Pero posiblemente yo pida demasiado.