1276

Mañach y la revolución castrista y la virtud. ¡Ah, cuánto daño ha causado el panegírico fuera de lugar, el entusiasmo ilógico y exacerbado, la babosería de los “escribíos y leíos” por esa cosa aborrecible de la igualdad entre las gentes…

“Nos hemos pasado la vida (al menos me la he pasado yo, como escritor público) pidiendo una honda y total rectificación de la vida cubana. Más de una vez escribí que esto necesitaba “una cura de caballo”, “una cura de sal y vinagre”. Y ahora que eso ha llegado, me parece de canijos asustarse… Por lo pronto, la Revolución ha logrado ya aquello que Martí pedía: poner de moda la virtud. Y yo creo que esa proscripción de la venalidad, de la frivolidad, de la irresponsabilidad, ha llegado con tal fuerza acumulada de voluntad y con tanto ímpetu, que no va a ser una simple “moda” pasajera”.

1275

Jorge Mañach, el mítico intelectual cubano, en trance orgásmico ante el Castro tenebroso y vil:

“Por de pronto, es cierto eso de que Fidel “seduce”. Yo diría que tiene eso que los españoles llaman “ángel”. Un ángel dialéctico y hasta de espada flamígera, como los del paraíso. Pero ángel. A veces se le percibe como en un revuelo de alas. Otras, en la fulguración, en el blandir del anatema. ¡Y qué fuerza de persuasión! (…) Parece siempre que despierta de un vasto cansancio. Parpadea frente a las luces, pone en ángulo las cejas, se rasca un poco la patilla aguerrida. Y empieza a hablar, con la voz ya algo ronca. Explica, arguye, impreca, advierte… Va disolviendo aprensiones. No halaga ni miente seguridades imposibles; pero pide por el bien de todos, por Cuba que le duele”.

1072

Repasando esta mañana los estados de Facebook, me tropiezo con un vídeo colgado por el amigo Victor Angel Fernandez Calzadilla, donde puede verse a los esposos Ceaușescu, Elena y Nicolae, siendo juzgados por el pueblo, y luego fusilados con ráfagas de metralleta. ¡Ah, qué sensación tan maravillosa se siente atisbando cosas tan hermosas y justas como estas! Hay un acto poético de divina justicia en eso de no perdonar a los verdugos. Es algo de belleza indescriptible y de regocijo inenarrable. El sentir odio y complacencia en las circunstancias adecuadas nos hace bellos, sabios e imprescindibles.

1033

A pesar de que la historiografía sobre Cuba no suele ser explícita al respecto, y en la mayoría de los casos que conozco ha ignorado rotundamente el acontecimiento, lo cierto es que me llama la atención que a sólo días de que se diseminara en la embajada norteamericana en La Habana la información de que la cúpula de la iglesia católica apoyaba tras bambalinas al movimiento guerrillero del 26 de julio, exactamente el 28 de enero, la propia iglesia hiciera un llamamiento público a un gobierno de unidad nacional donde, por supuesto, Castro y sus secuaces formaran parte del mismo. ¿Pedían acaso los prelados, la capitulación temprana del ejército de Batista?

En su proclama, el episcopado justificaba su alocución afirmando que no existían garantías constitucionales para las venideras elecciones. Pero si se coteja, por ejemplo, el sentido de urgencia que imprimía la iglesia a los hechos en la isla, con la visión que el periodista del New York Times Homer Biger aireaba en la Habana el 23 de febrero sobre su último viaje a la Sierra Maestra, entonces da la impresión de que en toda esta historia algo no calza bien.

Más allá del asombro de Biger por la facilidad con que se podía acceder a las locaciones de Castro y sus guerrilleros en las montañas debido al ralo patrullaje del ejército en la zona, es notable el hecho de que el periodista comprobara en el terreno lo esmirriado de las tropas rebeldes y su escasa capacidad combativa. También creía que Castro tenía una impresión exagerada de la fuerza de su movimiento en Cuba, y sobre todo en las ciudades. Entonces ¿para qué un gobierno de unidad que incluyera a la débil guerrilla de Fidel Castro? Yo creo que es lógico imaginar que, a esas alturas, la iglesia católica aspiraba a un guararey sabrosón y campechano con las huestes vestidas de verdeolivo.

1032

Santiago parece merecer, a todas luces, el “honor” de contener el mojón de piedra del Santa Ifigenia y su pavoroso huesped.

El cónsul norteamericano en Santiago de Cuba, Oscar H Guerra, escribiría en un despacho al Departamento de Estado, el 21 de enero de 1958:

“El movimiento de Castro posee un atractivo inusual para todos los sectores de la sociedad cubana, ya sea éste legítimo o por conveniencia. El apoyo monetario para Castro y su movimiento proviene de las clases más ricas de esta ciudad. Muchos santiagueros han sido bastante generosos con el dinero salido de sus bolsillos. Muchos de ellos tienen a periodistas y escritores free lance ocultos en sus hogares, mientras que coordinan los arreglos para la finalización de sus viajes hacia o desde la Sierra”.

1027

Un par de meses antes de que el gobierno norteamericano decretara el embargo de armas a Batista, específicamente el 10 de enero de 1958, el director del Office of Middle of American Affairs, señor Wieland, escribía un desesperado memorándum al señor Rubottom, secretario auxiliar de Estado para Asuntos Interamericanos, recordando los acuerdos sostenidos con la administración cubana acerca de la futura venta de armamentos y municiones con el objetivo de crear “un ambiente político favorable en Cuba”.

Wieland hacía hincapié en solicitudes pendientes: “1) 100.000 rondas de 20 mm de municiones para la Marina cubana. Esta munición sería útil en el control de los movimientos de los barcos pequeños que se sospecha de llevar armas a grupos rebeldes, entre ellos el de Fidel Castro. 2) 10.000 granadas de mano. Sería de esperar que estas serían utilizadas principalmente en la provincia de Oriente, incluida la lucha contra los intentos de quemar los campos de caña. 3) 3,000-75 mm obuses y dos dispositivos de puntería. Es posible que estos pueden ser utilizados en la provincia de Oriente”.

Hacia el final del memorándum, Wieland animaba al señor Rubottom a discutir los temas pertinentes con el embajador Smith, de visita en Washington la próxima semana. “Se sugiere que esta propuesta se discuta con él y, si está de acuerdo, que se le diera autorización para utilizar el hecho de estas aprobaciones como él desea, a su regreso en conversaciones con Batista”.

Como es fácil de deducir, a esas alturas, todo un año antes del triunfo del castrismo, la suerte del general estaba echada. Sólo faltaba la estocada final.

1025

El 10 de enero de 1958, el encargado de negocios de la embajada norteamericana en Cuba, Daniel M. Braddock, enviaba un despacho desde La Habana al Departamento de Estado en Washington, haciendo notar la posibilidad de que la jerarquía de la iglesia católica criolla estuviera apoyando al movimiento rebelde 26 de Julio, debido a que “se opone al actual Gobierno de Cuba y aprueba la actividad revolucionaria”, según presuntas fuentes consultadas por los servicios de inteligencia. Sin embargo, el propio Braddock ponía en duda un hecho como este y afirmaba que probablemente lo que estaba ocurriendo era que “funcionarios católicos individuales y ciertas organizaciones laicas católicas” eran quienes simpatizaban con el movimiento castrista, y no la iglesia como organización. Al final del despacho, el funcionario promete que la embajada se esforzará en la búsqueda de más información al respecto. ¿Curioso, no?

914

Un docente neoyorkino de izquierdas, Shiva Vadhyanathan, con la escasa tolerancia que suele caracterizarlos, desbarra desde las páginas de VQR en contra de la situación política actual, atisbando a un partido demócrata “razonable y sin odio” intentando contener a la otra parte “secuestrada por el odio y el temor”. El discurso panfletario es notorio, pero sin dudas cala en buena parte de los intelectuales y creadores que suelen pasearse por las páginas de VQR en busca de opiniones y algo de poesía norteamericana contemporánea.

Al menos, en la diatriba de Vadhyanathan se revela un hecho factual que aconteció cuando la carrera electoral que enfrentaba al entonces candidato Ronald Reagan y al presidente en ejercicio Jimmy Carter. “Escuchaba acusaciones de que Ronald Reagan era un desquiciado, un inmoderado, un imprudente ideólogo empeñado en revivir los sueños febriles de la John Birch Society. Era la reencarnación de Barry Goldwater, con cadencia y carisma.”

¿Recuerdan lo que les comentaba de la demonización de las sociedades y los hechos, cosa tan bien analizada por Dennis Muchembled? ¿Acaso esta diatriba les recuerda algo? Al menos en este caso, el propio Vadhyanathan termina por reconocer que las comparaciones sobre Reagan resultaron ser exageraciones.

829. Boardwalk Empire

Howard Korder validó en esa sexta temporada de Boardwalk Empire, aquella versión bastarda sobre la muerte de Joe Masseria, que sitúa a Lucky Luciano jugando cartas con el boss en un restaurant de Coney Island. Cuando Luciano se retiró para ir al baño a echar una presunta meada, Vito Genovese, el terrible Albert Anastasia y Joe Adonis irrumpieron en el local y balearon hasta la muerte al rocosísimo Masseria (en la serie solo aparecen en escena un par de pistoleros). A pesar de contradecir lo que se hablaba en los diarios, donde el testimonio de ciertos testigos anulaba la teoría conspirativa a favor de Luciano y Salvatore Maranzano, enemigo acérrimo de Masseria, la realidad es que el asesinato del viejo Joe parece haber ocurrido tal y como se cuenta a vox populis, con Anastasia, Genovese y Joe Adonis disparando sobre el siciliano. Ello explicaría el ascenso de Luciano en Nueva York y el intento de asesinato a Nucky Thompson en plena Habana, dos días después, bajo la probable impronta de Meyer Lanski.

741. Happy Easter

06089u1_1

En el mes de marzo de 1922, una tarde antes de la celebración de Easter, el presidente Warren G. Harding pidió a sus ayudantes que escondieran numerosos huevos de pascua, golosinas y bebidas en el amplísimo jardín de la White House, y en la mañana del domingo un batallón de niños asaltó el recinto. Estos dos compartieron el refresco que encontraron. Una foto congeló la memoria del hallazgo. El instante ha sobrepasado a la muerte y sus olvidos.

572

Un comentario que hice a mi estimado Enrique Collazo, historiador serio donde los halla. El tema es polémico, pero esta afirmación que hago resume mi pensamiento sobre tema tan crítico:

“… supeditar todo lo hecho por Batista con relación a los comunistas como “oportunismo político” es un error frecuente en el análisis de la república. Batista era un ser de izquierdas, incluso cuando reprimía a los comunistas tras el golpe del 52. Sus programas políticos, su plan trienal, sus discursos y acciones, son un reflejo de sus intereses políticos, de su visión ideológica. El Departamento de Estado, por ejemplo, siempre lo consideró un hombre de izquierdas. Aquello de Batista como HOMBRE FUERTE DE LOS AMERICANOS no pasa de ser un mito, y lo voy a demostrar en mi libro, por cierto”.

570

La afirmación de H. Bartlett Wells que asegura que el conflicto entre auténticos y comunistas en 1947 giraba en torno al control político y no a la existencia de discrepancias en asuntos domésticos sociales o económicos, refuerza la idea sostenida por Robert Whitney y otros estudiosos acerca del carácter confrontacional, de poder, que dividió a la izquierda en tiempos de la primera administración de Grau, tras la revolución del 33. De allí la existencia de una izquierda anticomunista en esencia; y otra que respondía a las directrices ideológicas de Moscú (curiosamente Wells enfatiza que los comunistas cubanos recibían solo asesoramiento y apoyo en materia de ideas, no en dinero). El debate que debe darse con cierto grado de seriedad está allí, en las génesis de ambas corrientes izquierdistas que dominaron la política criolla desde la post revolución de Machado hasta el triunfo del castrismo.

566

Para entender a la Cuba de 1947, bajo el control político de los auténticos, hay que analizar el “A study in Cuban-American relations” escrito por H. Bartlett Wells, un foreign service officer para el Departamento de Estado que en aquel entonces fungía como segundo secretario de la embajada norteamericana en La Habana. Más allá del cierto grado de desprecio hacia el criollismo insular que creo que manifiesta Wells a lo largo de este estudio (pero que no es un elemento de peso para ocultar las verdades objetivas que comenta), el trabajo en sí se constituye por sí mismo en un excelente fresco de las diferentes tendencias ideológicas que predominaban en la isla. Profundizaré en la visión dada por Wells en mi libro “El Espanto Perpetuo”, comentando sus aprehensiones sobre el nacionalismo del partido Auténtico, sobre las influencias de las “doctrinas reaccionarias” del falangismo en notables figuras de la vida pública cubana como Gastón Baquero y José Ignacio Rivero jr, sobre las simpatías de Grau por la nacionalización de tierras pertenecientes a compañías norteamericanas, y también sobre el “pragmatismo y oportunismo de la Cuba de la postguerra”.

557

Considerar como una organización conservadora al ABC es parte del tradicionalismo historiográfico cubano, desde los estudiosos de la facultad de filosofía e historia de la universidad de La Habana hasta Rafael Rojas y algunos otros pensadores del exilio. Probablemente la presencia entre sus filas de un Francisco Ichaso, como le comentaba hace unos días a un amigo, tenga que ver en algo con esta apreciación errada. Ya había apuntado con anterioridad que no solo el manifiesto político de la organización revelaba a las claras su vocación de izquierda democrática, sino también, y sobre todo, las posiciones políticas e ideológicas que sostuvieron sus miembros durante los debates de la Constituyente. Alguna vez, fuera de los ámbitos de El Espanto Perpetuo, libro en el que analizo a la ideología de la Cuba republicana, ahondaré con más especificidad el tema.

Otra de las asociaciones a las que el ABC ha sido expuesto es con el fascismo de Mussolini, pero para remarcar el carácter “derechista” del movimiento, error conceptual demasiado común en nuestra historiografía. Un punto que suele ser obviado continuamente entre los estudiosos de la república cubana ha sido el del desarrollo de las ideologías eugenésicas y su estrechísima relación con los nacientes movimientos comunistas de la época, específicamente durante la década de los años veinte y la fundación de la Universidad Popular Obrera José Martí, donde el doctor Eusebio Hernández daría clases de Homicultura. El establecimiento de esta relación es sumamente importante, pues esboza en el ámbito criollo la fortaleza del link entre fascismo e izquierda antimachadista que dominaría el debate ideológico tan solo una década después.

Así que mi punto sobre lo endeble de la categorización que suele hacerse acerca del movimiento ABC parte fundamentalmente de dos aristas:
La primera de ellos es que es un error notorio otorgarle un carácter ideológico de derechas cuando todo el programa político sustentado por la organización era de izquierdas.
La segunda alude a la relación que se intenta establecer entre ABC y fascismo (pausible, probable) para reforzar un presunto carácter conservador y de derechas que, en todo caso, es contradicho por los propios antecedentes de la historia criolla.

548

De mi libro “El espanto perpetuo”, un pequeñísimo fragmento:

Si algo hay que reconocerle a las organizaciones comunistas de la república pre castrista, ha sido su persistencia por acercarse a los estamentos del poder y su vocación de influir en las decisiones relevantes de la nación a como diera lugar. Una de las preocupaciones principales de Marinello y sus adeptos para la época de la constituyente, era la de nacionalizar y centralizar bajo el poder del estado la educación nacional. A pesar de que durante los debates y el alumbramiento de la carta magna de 1940 prevalecería una visión hegeliana y keynesiana entre los hacedores políticos e ideológicos del post machadato, en la discusión acerca de la educación privada y religiosa, la visión extrema de los delegados comunistas no pudo prevalecer. “La enseñanza nacional será laica, unificada y regida por el estado” era el estamento de Marinello y su gente. Nadie apoyó la enmienda y Jorge Mañach, en su argumentación, dejaría clara la posición de la gran mayoría de los delegados: “Las instituciones privadas tienen el derecho de impartir la enseñanza religiosa si así les place”. Aunque Mañach establecería antes ese carácter estatista que era propio no solo al ABC sino a la mayoría de los partidos políticos de la época. “El estado tiene el derecho inminente de supervisar la enseñanza privada”.

Pero si traigo a colación aquí el tema de la persistencia de las organizaciones comunistas de la Cuba republicana es porque, entre muchísimos otros ejemplos, a pesar de la derrota en la constituyente de las pretensiones totalitarias que animaban al PSP, para febrero de 1945 regresaba Marinello a revivir la idea de la estatización de la educación privada en Cuba mediante la presentación de un proyecto de ley que, entre otras cosas, planteaba la intención de prohibir el ejercicio de la enseñanza a profesores que no fueran connacionales. Más allá de una mera intención nacionalista, la embajada norteamericana, a través del agregado de asuntos consulares John Muccio, consideraba que el propósito principal de la propuesta de Marinello se centraba en limitar las influencias del franquismo español. Pero al analizar la inteligente y apropiada respuesta de los colegios británicos que se publicaría en el “Diario de la Marina” y que sería, a su vez, replicada en términos moderados por Marinello en el periódico “Hoy”, también es fácil percibir que la mirilla de los comunistas se dirigía, además, en contra de las enseñanzas sajonas tan dañinas a los intereses del Komintern estalinista.

La contestación de la clase política a la propuesta de Marinello fue comedida y cautelosa. El presidente Grau, máximo representante ejecutivo de la izquierda anticomunista que prevalecía en la isla, diría que “nuestra constitución es clara en este punto: la educación es gratis. El estado la regula a través de las leyes, pero no podemos violar el principio de las libertades fundamentales garantizadas por la constitución. Las escuelas privadas han estado haciendo un gran trabajo en Cuba”. Como contrapartida a la propuesta de ley de los comunistas, el senador republicano José R. Andreu, por su parte, propuso lo que se llamaría el “Proyecto Andreu”, una tibia respuesta de carácter estatista pero menos agresiva, que proponía la supervisión estricta de la educación privada. Estaba claramente establecido, a esas alturas, que el debate ideológico en Cuba estaba dominado por la izquierda: una de corte estalinista y militante, otra estatista y anticomunista.

544

“Juventud Obrera”, órgano central de la liga juvenil comunista cubana, publicó el 30 de mayo de 1934, en aquellos tiempos turbulentos tras la caída de Machado, un enérgico editorial en primera plana llamando a la acción en contra “del gobierno reaccionario de Mendieta y el ABC”. Y apuntaba con dedo inquisitorio a las figuras políticas más notorias del proceso. “¡Fuera Grau San Martín, Guiteras y demás dirigentes auténticos que preparan el camino a la reacción”. Ni siquiera hace falta hacer énfasis en el ataque a Guiteras para percatarse de cuán hiperbólicas han sido siempre las agrupaciones comunistas en la isla.

543

“Protección al campesino, defensa de todos los derechos del trabajador, administración honrada, atención a las necesidades populares, cultura para el pueblo, defensa de la economía nacional”. MARINELLO ALCALDE. BATISTA PARA PRESIDENTE.

Blas Roca sobre Fulgencio Batista:

537

Una muestra del “hard core” intelectual que acompañaba a Machado, aún en las postrimerías de su segundo mandato, la encontramos al revisar los nombres de aquellos que permanecieron hasta el final en el Palacio Presidencial, a pesar de la plebe y los saqueos. Orestes Ferrara, secretario de estado e insigne ideólogo liberal de la primera república; Alberto Lamar Schweyer, probablemente el más talentoso y al mismo tiempo denostado pensador que nos legó la Cuba pre revolucionaria del 33; y el insigne historiador Ramiro Guerra. Sí, el autoritarismo machadista descansaba sobre una sólida y brillante matriz de pensamiento, aunque la historiografía clásica ni siquiera haga mención de ello.

527

La demonización de la república desde la izquierda intelectual sajona… No es que los preceptos de Whitney estén errados, pero su activa militancia lo lleva a desvirtuar los entresijos de la historia.

Del mesianismo en el cascarón inmundo… Joaquín Llerena calificaba al veterano libertador en la introducción de este discurso de 1926 como “un gran carácter” que “intercepta a tiempo la vergonzosa desbandada”.

Un discurso optimista sobre el Azúcar en Cuba. Wiles calificaba a la isla como “The sugar bowl of the world”

485

Una parte, no desdeñable, del sentimiento independentista de la primera mitad del siglo XIX, surge desde el desprecio de una Cuba pujante y moderna hacia una metrópolis atrasada y mediocre. El vástago había superado al padre. Y no recuerdo que la historiografía cubana se halla ocupado de esta razón de la manera en que debiera.

Pero de la retórica del Conde de Pozos Dulces en su réplica a Reynals y Rabassa se puede intuir con claridad el desprecio como una condición intrínseca del naciente nacionalismo isleño, generado curiosamente desde el anexionismo de Saco y de Narciso López. Era el germen del “excepcionalismo” criollo, la construcción de esa entelequia chovinista que aún nos persigue, en pleno siglo XXI.

478

Una pequeña joya este libro de Mario Riera Hernández, por su gracejo y por su incorrección política y por cargar encima con esa necesaria cuota de pragmatismo narrativo. Alejado en espíritu y formas del antinorteamericanismo y desprecio por la cubanidad de un Alvarado, este texto a la luz de los tiempos que corren, no puede menos que sorprender por su espíritu incómodo y por ser reflejo de un tipo de historicismo no ensayístico, que al menos en el caso de Cuba, ha ido desapareciendo al pasar de los años.

Escrito desde la idolatría, Emeterio González aporta más de un dato interesante sobre Mulato Lindo. Su obra, repleta de estadísticas y meticulosas anotaciones, responde al rescate del batistato que, ya sin complejos, se desarrolló desde el exilio en la década de los 80.